Pudiera parecer un chiste, pero…
Unos días antes de casarme, estábamos tres cordobeses de
adopción, a saber: una extremeña, una pedrocheña – mi novia – y un madrileño –yo – en casa de un cordobés, este sí, puro, y su
mujer, catalana, pero también cordobesa de adopción.
La catalana señaló uno de los platos que había en la mesa,
el que tenía cacahuetes, y preguntó a su marido, el cordobés puro:
-
Juan,
¿cómo se llama esto?
Sin muchas ganas, contestó:
-
Avellanas
Después, volvió a señalar otro
plato, este sí, conteniendo avellanas, preguntando de nuevo a su marido:
-
Y aquello Juan ¿cómo se llama entonces?
Sin llegar a sonreír ironicamente,
contestó cómo fastidiado:
-
Pues…
avellanas cordobesas…
Este blog está dirigido, sobre todo, a aquellos que
entiendan esta absurda conversación, sospechosa de haber salido de un mal
chiste, pero real como la vida misma.