viernes, 8 de mayo de 2015

El porqué de las avellanas



Pudiera parecer un chiste, pero…

Unos días antes de casarme, estábamos tres cordobeses de adopción, a saber: una extremeña, una pedrocheña – mi novia – y  un madrileño –yo –  en casa de un cordobés, este sí, puro, y su mujer, catalana, pero también cordobesa de adopción.
La catalana señaló uno de los platos que había en la mesa, el que tenía cacahuetes, y preguntó a su marido, el cordobés puro:
-          Juan, ¿cómo se llama esto?
Sin muchas ganas, contestó:
-          Avellanas
Después, volvió a señalar otro plato, este sí, conteniendo avellanas, preguntando de nuevo a su marido:
-          Y aquello Juan ¿cómo se llama entonces?
Sin llegar a sonreír ironicamente, contestó cómo fastidiado:
-          Pues… avellanas cordobesas…

Este blog está dirigido, sobre todo, a aquellos que entiendan esta absurda conversación, sospechosa de haber salido de un mal chiste, pero real como la vida misma.

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